miércoles, 31 de octubre de 2012

Más de Israel

La idea original de nuestra excursión era visitar Jerusalem a la mañana y a la tarde ir al Mar Muerto, pero como ya les conté, había tanto para ver en Jerusalem que nos pasamos todo el viernes ahí, y fuimos al Mar Muerto el sábado. Nos faltó tiempo para ir a Haifa y Acro, dos localidades sobre el Mediterráneo que nos habían recomendado, así que nos quedamos con las ganas!




Para llegar al Mar Muerto tuvimos que tomar el camino más largo porque una de las condiciones de préstamo del auto era no transitar por zona Palestina, así que salimos a la ruta extrañando el mate, pero lo bueno del viaje fue que Dimitris musicalizó cada minuto con su Iphone y resultó muy divertido. Les dejo el Hit de la jornada: 



El camino fue en parte por autopista, y después la ruta va atravesando el desierto. Pudimos frenar en varios paradores con unas vistas panorámicas impresionantes, y también frenamos cuando vimos un par de camellos al costado de la ruta, sólo para la foto.





Llegamos primero a Masada, un Parque Nacional que preserva las ruinas de una antiquísima localidad del mismo nombre, cuyos habitantes fueron los últimos en resistirse al dominio Romano. La fortaleza se ubica en una zona totalmente desértica y prácticamente inaccesible, está en lo alto de una meseta y estas condiciones geográficas permitieron a sus habitantes permanecer sin ser alcanzados por los romanos hasta el año 73 de nuestra era, cuando el ejército romano rodeó toda la zona, y construyeron una rampa de tierra sobre las faldas naturales de la meseta para finalmente conquistar la ciudad. Cuando las 960 personas que resistían en la fortaleza se dieron cuenta que el dominio romano ya no podía ser resistido, prefirieron morir en sus propias manos y no vivir una vida de vergüenza y humillación como esclavos en manos de los romanos, por lo que decidieron suicidarse masivamente. Este acontecimiento hace que se considere Masada como símbolo de la identificación cultural judía, y en símbolo de la lucha constante de la humanidad contra la opresión y la libertad.






Se llega a las antiguas ruinas por medio de teleféricos que hacen su recorrido rapidísimo, y también está la opción de subir caminando por un camino serpenteante que cuando uno llega arriba y lo ve, no puede creer que sea posible llegar caminando. Lo más interesante es la explicación de cómo hacían para proveerse de agua, hay unas maquetas donde uno vuelca agua con un jarrito y va observando el recorrido de la misma desde los diques construidos en arroyos hasta las cisternas excavadas en varios puntos de la ladera de la montaña por medio de canales artificiales. También hay varios puntos panorámicos hacia los cuatro puntos cardinales, desde donde se puede observar toda la inmensidad del desierto, y más allá el Mar Muerto. La vista no es limpia, se ve como una bruma que borronea el horizonte, y nos quedó la duda si sería algo climático o es porque toda esa zona es una gran depresión, está a más de 400 metros bajo el nivel del mar constituyendo la mayor depresión del mundo sin estar ocupada por agua.






Cuando bajamos en el teleférico, aprovechamos para comprar cosméticos elaborados con minerales del Mar Muerto a precio de fábrica. Había para todos los gustos, para cada tipo de piel y para cada parte del cuerpo. Yo me compré un set completo para la cara y me regalaron varios productos para el cuerpo y hasta crema de manos.

Y luego finalmente fuimos a bañarnos al Mar Muerto. Estuvimos en un pequeño balneario público que si no me equivoco se llama Ein Gedi, donde hay duchas donde enjuagarse cuando uno sale del mar. La costa del mar Muerto es rocosa y bastante empinada, ya que el Mar Muerto se encuentra en un estado de retroceso muy rápido y el nivel de sus aguas baja a razón de un metro por año. La salinidad del agua es tan alta, que tiene una consistencia aceitosa y uno flota como si fuera un corcho, es imposible no flotar y aunque uno quisiera no está permitido hundir la cabeza ya que el agua tan salada irrita muchísimo la boca y los ojos, y hay señales de advertencia por todos lados. La sensación de sumergirse es la de estar arriba de una colchoneta inflable, pero sin la colchoneta… es muy raro la verdad.






También algo muy recomendable por sus propiedades minerales, es el barro que se encuentra en ciertas zonas de la orilla, así que allá fuimos a untarnos en un pasticho negro y maloliente que me hacía acordar a cuando en la casa de mis papás la calle no estaba asfaltada y teníamos una zanja adelante, que cada tanto se llenaba de un barro podrido negro y asqueroso. Bueno, este barro era igual, con menos olor a podrido pero maloliente al fin, todavía no sé cómo me animé a ponérmelo encima!!!



Ese fue todo nuestro fin de semana, yo después salí a pasear sola por Tel Aviv, y aproveché para ir a la playa y caminar hasta Jaffa, que es una zona que antiguamente era una ciudad independiente pero con el correr de los años, al ir creciendo tanto la población, quedó unida a Tel Aviv. Recorrí cada callecita de este barrio antiquísimo y que se restauró, instalándose numerosas galerías de arte y locales de diseño, de ropa, y de artesanías principalmente.








Fui a almorzar a la playa un riquísimo falafel en pan pita, y después de un chapuzón refrescante seguí camino pasando por el “Carmel Market” que está recomendado como muy buena atracción turística pero sinceramente no me pareció nada especial, y también pasé por una zona que parecía el auténtico barrio de Once porque estaba lleno de negocios que vendían tela con los rollos en la vereda y con mucha gente en busca de precios y calidad.




Finalmente llegué a HaTachana que significa “La Estación” y no es otra cosa que la antigua estación de tren que luego de muchos años de desuso se recicló y convirtió en un complejo de bares, restaurantes y negocios de diseño muy lindos. Es tan lindo que esa noche fuimos con todo el grupo de trabajo de Leo a cenar ahí, a un restaurante de tapas divino llamado “Vicky-Cristina” y donde pasamos un rato muy divertido. Una particularidad del menú, era que estaba dividido en secciones y quese podía pedir una sección entera, o hasta el menú completo! Se imaginan sentarse en un restaurante y que les sirvan TODO lo que hay en el menú???



Eso fue todo mi paseo por Israel, me queda por contarles que el viaje de vuelta fue bastante tedioso porque los controles del aeropuerto son muy exhaustivos, es necesario ir tres horas antes y en el control de equipaje me hicieron desarmarlo completo para chequear con un aparatito que no haya restos de químicos o explosivos… un embole la verdad, pero bueno, todo sea por la seguridad.

Y otra cosa que no quiero dejar de contarles es que los taxistas son muy argentos. Van todo el tiempo hablando por teléfonos varios, anotando cosas en planillas, no prenden el aire acondicionado por más que hace muchísimo calor, conversan y preguntan más de lo que uno quisiera contestar… les juro que fue muy raro llegar a un lugar tan extraño y que la primer persona con la que uno contacta viajando del aeropuerto al hotel resulte a la vez tan familiar: el taxista que me llevó parecía Fredy, el de la vuelta de la casa de mamá, pero hablando inglés.

2 comentarios:

  1. Hermoso lugar, muy interesante e instructivo el relato, pero lo mejor es la foto de los dos "negritos". Valió la pena engrudarse así????
    Besos e la mama.-

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  2. Hermosos lugares, y hermosas caritas. Me encantó. Que aventura increible, chicos mas allá de las fotos, lo que les queda en las retinas ha de ser imnolvidable. Los Felicito!!!!!!
    Ali

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