miércoles, 24 de octubre de 2012

Jerusalem

Esta fue otra ocasión en que por cuestiones de la vida (o mejor dicho del trabajo de Leo) terminamos conociendo un lugar al que nunca pensamos viajar: Israel.

Dos semanas de trabajo en Tel Aviv, era demasiado tiempo para estar lejos de mi Chulifrito así que allá fui, a pasar el fin de semana y un par de días más de yapa.

En Israel el fin de semana es viernes y sábado, así que contábamos con esos días para pasear, con auto prestado y acompañados por colegas de Leo: Dimitris que es griego y se encargó de musicalizar el viaje, y Jean-Michael que es francés y aparte de manejar iba guía en mano compartiendo datos interesantes.

Llegué el jueves a la tarde, justo a tiempo para caminar un poco por Tel Aviv, y después disfrutar un rato de la playa hasta las cinco y media de la tarde que es el horario en que anochece. Es hermoso el atardecer en el mar, ver al sol en pocos minutos bajar en el horizonte hasta desaparecer, siempre es un espectáculo único aunque se repita cada día, y toda la gente en la playa deja de leer, jugar a la paleta, nadar, caminar, charlar, o lo que sea que esté haciendo para pararse a verlo.



El viernes fuimos a Jerusalem. Comenzamos el paseo en el Monte de los Olivos, y ya nos parecía irreal estar en aquellos lugares donde sucedieron tantas cosas, como la gruta donde Jesús fue capturado luego de la última cena, y la tumba de María.




Luego fuimos a recorrer la ciudad vieja, que está rodeada de una muralla y se divide en cuatro barrios: el Judío, el Cristiano, el Musulmán y el Armenio. Entramos por la puerta de Zion directamente al barrio Armenio, y caminamos hasta la puerta de Jaffa que se podría decir que es la entrada principal y es donde está la oficina de información turística donde nos dieron un mapa. Como era viernes y a las dos de la tarde aproximadamente comienza a cesar la actividad por el Shabat, fuimos primero a recorrer el barrio Judío. Atravesamos la calle David sobre la que se encuentra el mercado árabe: puestos y negocios que venden souvenirs, vestimentas típicas, comida y bebida, en fin… un poco de todo. Nos hizo acordar al gran bazar de Estambul, pero la particularidad acá es el mix de creencias y culturas que se ve reflejado en lo que venden: Estrellas de David, pesebres, rosarios y velos. También la gente que recorre las calles conforma un rarísimo collage: Monjes jesuitas, curas, monjas, judíos ortodoxos, musulmanes con su vestimenta típica, mujeres con burka…




 
 



En el barrio judío visitamos el Muro de los Lamentos, en Hebreo KOTEL, que es uno de los sitios más sagrados para el Judaísmo ya que es el muro remanente del segundo templo construido en ese lugar, y destruido en el año 70 de nuestra era cuando los Romanos toman Judea y destruyen todo lo que había sido levantado por los Hebreos como castigo a su rebeldía y no aceptación de sus deidades. Es el muro más cercano al sitio donde se encuentra la piedra donde Abraham habría ofrecido en sacrificio a Isaac su hijo reconocido por ser hijo de su matrimonio con Sara. Este sacrificio fue solicitado por Yehova a Abraham para probar su fidelidad, y este a pesar del dolor que le provocaba esta exigencia, no dudó en obedecer y Dios viendo que Abraham le era fiel lo detuvo permitiendo que Isaac siguiera su vida. Ahí Dios aceptó en sacrificio un cordero y el prepucio de Isaac y quedó como pacto entre Dios y la descendencia de Abraham que los nacidos judíos (en ese entonces hebreos) deberían ser circuncidados. Una de las creencias es que hay que escribir un pedido en un papel y dejarlo entre las piedras que forman el muro para que se cumpla. El acceso al muro está dividido en dos, uno para hombres y uno mucho más pequeño para mujeres.


 



Luego fuimos a una calle alta desde donde se podía ver el muro y más allá, la cúpula dorada del templo musulmán construido alrededor de la roca desde donde según esa creencia Mahoma ascendió a los cielos hasta el trono de Alá (Es la misma roca sagrada para los judíos, pero por otros motivos). Este lugar es el tercer lugar de importancia religiosa para el Islam después de La Meca y La Medina, y así como todo el barrio musulmán, tiene un acceso muy restringido para no musulmanes, así que no lo pudimos visitar.




Nuestro próximo objetivo era recorrer el barrio Cristiano, para lo cual nos dirigimos hasta la puerta de los Leones y recorrimos toda la Vía Dolorosa hasta la Basílica del Santo Sepulcro, siguiendo así el camino que hizo Jesús durante la Pasión, desde que lo apresan en el Monte de los Olivos hasta que resucita. En total son catorce estaciones. Pasamos por el Colegio El Omariye que es donde se alzaba la fortaleza romana donde Jesús fue condenado, los lugares de cada caída, el convento situado sobre la casa de Verónica donde ella le lava el rostro, y luego se llega a la Basílica de la Resurrección donde se pueden ver las últimas cinco estaciones, la capilla del despojamiento, el lugar donde lo crucifican, el lugar donde se alzaba la roca del Calvario y fue levantada la cruz, la piedra sobre la que depositaron el cuerpo al bajarlo de la cruz, y finalmente el Santo Sepulcro, el lugar más santo de la Cristiandad que es donde se sepulta a Jesús y luego resucita.


Perdidos en busca de Vía Dolorosa

 
 




Como todos los viernes a la tarde se hace el Via Crucis, la Basílica era un mundanal de gente y había que hacer fila para entrar a cada lugar, y por el horario no hicimos a tiempo a ver todos. En la Capilla con el altar griego donde fue crucificado, había monjes jesuitas cantando y pude reconocer que se trataba de alguna parte del Stabat Mater, una pieza que cantábamos con mi hermana cuando íbamos a coro de niñas. Personalmente el Santo Sepulcro me causó muchísima impresión. Para ingresar a la cámara, hicimos mucho tiempo de fila con gente entre la cual había algunos al borde del fanatismo religioso, y ya llegando nuestro turno la visita se interrumpió porque estaba finalizando el Via Crucis y los Monjes Jesuitas realizan un rezo frente al Santo Sepulcro. Cuando finalmente nos tocó el turno de entrar hubo un incidente con una señora muy mayor que entró adelante nuestro de rodillas, con un listado de gente por la que pedir, besaba y tocaba todo y quería salir de rodillas marcha atrás para no darle la espalda al lugar del sepulcro, y como se demoraba más de los diez segundos que te permiten estar ahí, el Padre que controlaba el ingreso la sacó a los gritos y prácticamente a los empujones y toda esa escena a mí me produjo un miedo terrible y casi me arrepiento de entrar… no lo puedo explicar bien con palabras, sólo les digo que el lugar es muy muy muy impresionante.







Más allá de las creencias religiosas de cada uno, Jerusalem es sin duda un lugar único en el mundo y con una historia que se remonta a siglos y siglos de antigüedad y que se sigue escribiendo hasta la actualidad, cuando la situación de la ciudad y sobre todo de sus sitios sagrados continúa siendo un conflicto entre Israel y Palestina.




Terminamos nuestra jornada en la ciudad moderna de Jerusalem, donde estaba prácticamente todo cerrado por el Shabat, pero aún así encontramos un barcito donde relajarnos con unas ricas cervezas, y coronamos la jornada cenando en un restaurante muy lindo recomendado por la gente de la empresa que se llama Mona, y donde servían más que nada especialidades francesas así que comimos “Bouf Bourginon” y de postre “Creme Brulee”




Mañana les sigo contando nuestro paseo por Masada, el Mar Muerto, y mi caminata por Jaffa…


Un agradecimiento especial para Lito por los consejos turísticos y por ayudarme con el contenido histórico y religioso para escribir este post.
 


3 comentarios:

  1. cómo me gusta leerte!! Nunca comenté pero siempre te leo y me encantan las fotos y la dedicación que se nota en cada entrega. Ojalá puedan realizar varios paseos antes de la vuelta para compartirlos con quienes te leemos y disfrutamos. Cariños para los dos, Andrea

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  2. Hola Andrea!!! me alegro mucho que te guste el blog, muchas gracias por tu comentario!!!!! Y a mí me gustaría seguir viajando pero estas últimas semanas lo veo complicado, muchas cosas para organizar!!! Besos

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  3. Hermoso paseo, muy buen relato. Sigo fiel a tu blog. Besos de la mama.

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