jueves, 17 de mayo de 2012

Nuevamente en una isla

Sigo contándoles lo que estuvimos haciendo en nuestros días por la Costa amalfitana, pero hoy voy a empezar explicando el título de este post.

Resulta que con Leo no hemos tenido muy buenas experiencias visitando islas. Es como que ninguna de las que visitamos nos terminan de encantar. Y cada vez que vamos a una isla terminamos diciendo que “no nos enganchan más” y obviamente, siempre terminamos reincidiendo en este tipo de visitas, porque siempre las islas prometen ser paradisíacas, y el viaje en barco hasta ahí siempre parece ser demasiado aventurero como para negarse a disfrutarlo.

En este caso, pasaron uno, dos, tres días en Positano y seguíamos indecisos respecto de hacer la excursión hasta la isla de Capri. Finalmente nos decidimos a ir, alentados por los comentarios de Alicia que la había visitado y le había gustado mucho. Y qué bueno que fuimos porque realmente fue un paseo hermoso. Quizá si hubiese hecho más calor nos hubiéramos podido tirar al agua, darnos un chapuzón en ese mar turquesa, pero el tiempo mucho no acompañó y nos contentamos con disfrutar el sol arriba del barquito mientras rodeábamos la isla. Por suerte en este caso el barco en cuestión era pequeño y bonito, y sólo viajábamos doce personas incluido el Capitán.



Partimos de Positano temprano a la mañana, y de camino a Capri pudimos apreciar desde el mar toda la costa, impresionados por lo alto de sus acantilados y por sus rocas grises casi blancas. Cada tanto se dejaba ver la ruta serpenteante e íbamos reconociendo las curvas que ya habíamos recorrido en el Cinquecento.


Luego de más de una hora de viaje (era más lejos de lo que imaginábamos) avistamos la isla de Capri, majestuosa allá adelante, y el capitán -y único tripulante- Genaro nos iba contando qué era lo que veíamos a medida que rodeábamos la isla.

La Gruta Blanca, llamada así por las piedras blancas que forman un techo con estalagmitas y estalactitas.




I Faraglioni, dos piedras que sobresalen en el agua, muy cercanas a la orilla de la isla y que el barco atraviesa por el medio




Grotta Verde, llamada así porque de ese color se ve el agua




Punta Carena, donde se alza un faro



Grotta Azzurra, llamada así porque de ese color se ve el agua. Para entrar a la gruta hay que cambiar a un botecito muy pequeño, ya que la entrada a la gruta es apenas un huequito entre las piedras. Nosotros preferimos no entrar... y ahora me doy cuenta que no sacamos ni una foto al trasbordo y la fila de botecitos!!!

Marina Grande, es el puerto principal y donde bajamos finalmente a la isla para recorrerla toda la tarde antes de emprender el viaje de vuelta.





Apenas uno desembarca en Marina Grande, lo primero que se ve son puestos de un mercado para nada pintoresco y con productos nada interesantes. Acá recordamos a la empresa de excursiones que promociona Capri como “La más encantadora y exclusiva isla del mundo” y recién cuando tomamos el funicular que lleva hasta la plaza principal, nos dimos cuenta que el slogan no era del todo mentira. Sobre todo por lo de “Exclusiva”. Resulta que desde la “Piazzetta”, nacen distintas calles peatonales repletas de los negocios de diseñadores más top. Increíble que en esa diminuta isla se concentre tanto lujo, y nunca entendimos quién preferirá ir hasta ese lugar tan recóndito para hacer shopping de lujo (cuando convengamos que hay muchísimas ciudades con los productos de los mismas marcas)



Nosotros aprovechamos para almorzar en la pizzería Villa Verde que se publicitaba por haber recibido en sus mesas a numerosos personajes famosos tanto del mundo del espectáculo como políticos e intelectuales (aunque la elegimos porque tiene una terraza muy linda para comer) Comimos una ensalada caprese descubriendo que caprese es el gentilicio de Capri, y una pizza riquísima.

Seguimos nuestra caminata hasta el Giardini de Augusto, ubicado en una zona alta y con un mirador a la costa más característica de la isla, la que está adornada con Il Faraglioni. De paso aprovechamos que había salido el sol y hacía mucho calor para refrescarnos con un heladito Leo, y con una granita de limón yo.






Y cuando Leo me pudo desprender con espátula de la vidriera de Valentino, donde había dos vestidos dignos de “Red carpet” volvimos a tomar el barquito que nos llevaría de vuelta a Positano…

5 comentarios:

  1. Que belleza!!!!!! Un lugar hermoso, de película!!!!!! Muy lindas fotos.
    la mama

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  2. por diossssssssssss que belleza, quiero mas viajes, asi volvemos unos dias al departamento y despues a donde iremos dale me encanto este paseo si, si, si,.... volvamos a buscar mas ropa y seguimos jajaja besotes....

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  3. me olvide de firmarlo jajaa soy gladys

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  4. Vieron qué lindo?????? Hasta a mí me sorprenden las imágenes viendo las fotos...

    Qué loca Gla! no te preocupes que seguiremos recolectando aventuras

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  5. Que hermoso lugar celi!!!! muy linda las fotos.

    Debora

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