miércoles, 23 de mayo de 2012

Dos días en Estrasburgo

Escuchamos hablar de esta ciudad francesa en diciembre, cuando publicitaban su mercado de Navidad como el más lindo de Europa. En ese momento no pudimos ir a conocerlo, pero siempre nos quedaron ganas de ir de paseo, ya que además del mercado esta localidad francesa tiene mucho más para ofrecer.

Resulta que el jueves y viernes de la semana pasada fueron feriados, así que teníamos un fin de semana super largo. Dudamos un poco en ir a algún lado, porque habíamos vuelto de Italia el lunes y la necesidad de descanso se hacía sentir, pero como la mayoría de la gente aprovechó para salir de viaje, Lausanne estaba aún más tranquilo de lo que es en general así que finalmente optamos por un punto medio y fuimos viernes y sábado,tomando el jueves y domingo de días de fiaca total.

El viaje en tren fue muy agradable, salimos el viernes temprano y a media mañana ya estábamos en Estrasburgo. La estación de tren es rarísima, ya que es un edificio antiquísimo que está envuelto en una estructura moderna de vidrio que parece una burbuja. Nuestro hotel estaba justo frente a la estación, plaza de por medio, así que enseguida nos instalamos y estábamos listos para pasear.





La parte histórica –y turística- de Estrasbourgo es muy pequeña así que caminando uno puede recorrerla entera. Esto me hizo acordar un poco a Brujas, donde todo es cerquísima: un placer pasear caminando!!! Otra similitud con Brujas es que una zona de la ciudad está atravesada por canales, esta zona se llama “La Petit France” y ahí hay numerosos restaurantes y cervecerías.






Esto de las cervecerías nos sorprendió mucho, porque el plan original del viaje era aprovechar los cuatro días de fin de semana largo para recorrer la ruta del vino por la zona de Alsace y Champagne (plan que quedó postergado pero no cancelado) y realmente la bebida que prima en Estrasbourgo es la cerveza. El hecho de que está en el límite con Alemania se nota en muchas influencias de la cultura germana, no sólo en el gusto por la cerveza, también en la comida, en la arquitectura, y en el idioma: se habla tanto alemán como francés.






Así que los dos días nos la pasamos caminando sin rumbo fijo, recorriendo cada callecita, bordeando cada canal, tomando cerveza y comiendo pretzels, y tomando fotos.







Visitamos la Catedral que tiene un reloj astronómico en el interior, recorrimos la Petite France y visitamos la bodega histórica del Hospital, una cava que se encuentra literalmente en los subsuelos del complejo hospitalario de la ciudad, donde además de producir sus vinos y vender vinos de bodegas asociadas, tienen vinos antiquísimos, vimos un barril con vino de 1472.



También recorrimos algunos mercados no sólo de comida, sino de antigüedades y libros usados, y nos sorprendieron en varios puntos de la ciudad grupos tocando gaitas, porque parece que había un encuentro el sábado a la noche así que durante el día a medida que iban llegando las bandas representantes de distintas ciudades, invadían plazas y calles peatonales ensayando y exhibiendo su música.




La verdad que nos divertimos mucho, disfrutamos del barullo y la vitalidad de la ciudad, y volvimos justo para ver la final de la Champions League aprovisionados de unos pretzels.

2 comentarios:

  1. como siempre me encanto seguir viajando con ustedes bueno a la distancia jajaj, esperando y poner los pies en remojo para el proximo paseo un besito grande para ustedes... gladys

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  2. MUY LINDO LUGAR! Q BUENAS FOTOS E IMPECABLE TU RELATO, COMO SIEMPRE. Cuál es el próximo destino???? Besos de la mama.-

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