viernes, 20 de abril de 2012

Escapada a Munich

Una semana de reuniones de trabajo de Leo fue la excusa perfecta para realizar nuestra primera escapada a Alemania. Increíble que en todo este año no hayamos ido a ese país (salvo un viaje relámpago de Leo del estilo aeropuerto-oficina-aeropuerto) pero después de esta experiencia no me quedan dudas de que seguiremos visitando algunas otras de sus ciudades.




Fuimos el domingo para aprovechar la tarde y pasear. Llegamos a Munich después de largas horas de tren, y nos recibió con una constante y persistente lluvia. Paraguas en mano, salimos a caminar por el centro y como quien no quiere la cosa llegamos a la cervecería más increíble de todas las que hubiésemos pensado visitar: La cervecería Hofbräuhaus.



Apenas uno cruza el umbral de la puerta de la Hofbräuhaus ya se respira Oktoberfest, como si aquí la fiesta durara todo el año. Lejos de ser sólo un lugar donde se toma cerveza, el edificio de esta histórica cervecería es un museo en sí mismo y es testigo de numerosos acontecimientos importantes, algunos de los cuales los locales ni quisieran recordar. Es tan grande y cuenta con tantos salones interiores, exteriores, públicos y privados, que los tour de la ciudad incluyen una recorrida por dentro de la cervecería, y por los pasillos principales hay un continuo desfile de turistas sacando fotos. Las cervezas se sirven en vasos tipo jarra de un litro, salvo la cerveza de trigo que se sirve en un vaso alargado de medio litro. Y también se pueden degustar numerosos platos típicos de la gastronomía de Bavaria, como el codillo de cerdo con bolas de papa, diferentes variedades de salchichas, y como postre no falta el strudel de manzana con crema. En los dos salones principales hay bandas que tocan música en vivo, y cada tanto se ponen de pie y tocan una marcha que según nos dijeron es el himno del Oktoberfest. Para nuestra sorpresa, en nuestra primera visita (si, fuimos varias veces) tocaron nada más ni nada menos que la Marcha de San Lorenzo, y coreamos “Cabral soldado heroico…” contentos y animados por la cerveza que habíamos tomado. Esta cervecería admite que la gente que reúna ciertos requisitos se haga socia, contando con ciertos beneficios como por ejemplo tener siempre una mesa propia reservada y una jarra de uso exclusivo guardada bajo llave. Nosotros vimos varios señores y señoras vestidos con los trajes típicos y algunos hasta bailando cual club de jubilados, ametrallados a disparos de cámaras de fotos.







También visitamos la cervecería Augustiner, que es la más antigua de la ciudad y se enorgullece de fabricar la cerveza preferida del Papa Benedicto XVI, realizando envíos exclusivos al Vaticano, ya que esta cerveza no se comercializa fuera de Bavaria. Esta cervecería cuenta con varios salones en varios puntos de la ciudad, e incluso con uno en la misma fábrica.




Y por último, fuimos a cenar a la cervecería Andechs donde peleamos por los últimos pretzels que quedaban, ganándonos el odio de nuestros compañeros de mesa. Porque acá como en todas las cervecerías Bávaras, las mesas son largas y se comparten, ya que si no estás sentado el mozo no te sirve cerveza.



Dejando de lado el tema cerveza, les cuento que durante los días de semana Leo estuvo trabajando y yo aproveché para pasear. Hice un tour en inglés sobre los pasos del Tercer Reich que fue interesante pero no ayudó que el tour era caminando y llovía a cántaros, y tampoco ayudó a mis oídos el acento británico del guía. También hice el tour gratuito de la ciudad, con una guía marplatense que contó de todo y fue muy divertido.

El tour comienza en la plaza principal (que está repleta de obras de mantenimiento) justo a la hora en que el carrillón del nuevo ayuntamiento hace su animación. Debo decir que me gustó mucho todo el movimiento de las figuras y las campanadas melódicas del reloj. Representa en la parte superior la historia de una boda real de Bavaria (sinceramente no recuerdo de quién) donde hay un duelo de caballeros, y en la parte inferior representa el final de la peste del siglo XVI, cuando los toneleros salen de fiesta a la calle para animar a la gente a que abandone su reclusión por miedo al contagio y vuelva a visitar las cervecerías.








En el recorrido nos contaron que el Oktoberfest se origina en las celebraciones de boda del Príncipe Luis I de Baviera y Teresa de Sajonia, fiesta de la que participó todo el pueblo y que duró seis días. Fue tan disfrutada, que al primer aniversario deciden repetirla pero esta vez con una duración de siete días, haciendo coincidir la fecha con la Feria Agrícola y Ganadera, y así la fiesta fue año a año alargando su duración y transformándose en el festival popular de la cerveza más grande del mundo.

Y el último lugar del recorrido es el Rindermarkt, un mercado al aire libre enorme y por supuesto con un parque cervecero en el corazón del lugar.






Y para terminar, les cuento que fui a visitar el Memorial que hoy funciona en el antiguo Campo de Concentración de Dachau. Este fue el primer campo de concentración Nazi, tomado como modelo para la apertura de tantos otros. Está muy cerca de la ciudad a cuarenta minutos de viaje en metro y bus, y la entrada es gratuita. Se conserva el edificio de administración del campo, que hoy alberga el museo memorial y muestra muchísimas imágenes y datos de archivo, así como testimonios, fotos, artículos periodísticos y publicidades de la época. También se puede ver reconstruido uno de los tantos edificios donde las víctimas dormían, y del resto de estos edificios (que no me animo a llamar dormitorios) sólo existen hoy en día los cimientos, pudiendo ver toda la sucesión de rectángulos en el piso donde antes se levantaban. La parte final del recorrido es la más difícil de relatar y la que me despertó una sensación de angustia y horror al visitarlo, no sólo a mí sino a toda la gente que estaba ahí y que reflejaba una mueca de espanto en su semblante. Se trata de la cámara de gas, el crematorio, y las fosas comunes… dispuestos así, en ese orden, como una seguidilla de pasos de la más inescrupulosa, inexplicable, y horrorosa acción de asesinar, y la verdad que me quedo sin palabras para transmitir más de lo que es este lugar.




Me volví a casa con un poquito de Munich en la valija, ya que antes de tomar el tren pasé por un supermercado y me hice de un stock de mostaza, leberwurst, y pretzels…. Para compartir con las visitas que llegan en un rato, así que los dejo y me voy a la estación a recibirlas!

1 comentario:

  1. me encanto como siempre, tus relatos... te mando un besito , me mato ese perro Aleman que esta con el viejo sentado... y seguro tus visitas Eva y Jorge te van a comer todo lo que compraste un beso para ellos tambien gladys

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