viernes, 2 de marzo de 2012

El Xampanyet

Nos habíamos quedado con ganas de visitar este tradicional bar de tapas en nuestro anterior viaje a Barcelona, y esta vez teníamos ese sentimiento de revancha y la determinación de no dejar de ir.

Caminamos todo el día, literalmente. Desde la Sagrada Familia hasta La Boquería donde abundaban los disfrazados celebrando el carnaval y almorzamos un montón de mitad de raciones y tapas arrimados a la barra de uno de los puestos.













Desde la Boquería recorrimos la rambla y el gótico hasta llegar a la Barceloneta y pasear un poco por la playa.






Si bien para cualquier ojo que nos espiara en ese momento estábamos paseando como cualquier turista que recorre la ciudad, la pura verdad era que nuestra caminata era un recorrido con un solo final: El Xampanyet.

Ya bastante cansados de andar, finalmente arribamos a su puerta y como no podía ser de otra manera estaba la persiana baja. Un sentimiento de temor nos invadió pero enseguida comprobamos que los sábados el bar abre a las siete de la tarde, y eran las seis y media!!!

Caminamos hacia una y otra esquina de la cuadra contentos porque finalmente íbamos a probar la famosa cava exclusiva del lugar, un espumante que elaboran sólo para este bar, y finalmente decidimos pararnos a esperar la apertura, justo en la vereda de enfrente de la puerta. A los pocos minutos, observamos que un grupo se para a esperar a un costado de la persiana, y dos segundos después otras dos señoras bien emperifolladas se paran al otro costado de la persiana. Era como una provocación y lo tomamos personal, nadie nos iba a quitar el lugar a nosotros, que peregrinamos todo el día buscando el lugar y era obvio que teníamos más derecho que cualquiera de sentarnos en una de las contadas mesas a saborear las delicias catalanas que ahí sirven.

Ahí fue cuando Federico y yo, los más ansiosos del grupo, nos cruzamos para instalarnos justo con nuestras narices pegadas a la persiana y un pie en el umbral cual corredores de los cien metros llanos: listos para entrar en cuanto la bendita persiana se abriera. Uno de los grupos nos miró no sin una mueca de odio, pero las dos señoras que esperaban a un costado nos escuchaban preocupados por conseguir lugar y enseguida se nos pusieron a charlar. Primero nos aclararon que ya nos habían visto esperando desde hacía rato por lo que aprobaban que seamos los primeros en entrar, y después nos contaron que ellas eran habitués del lugar, pero siempre quedaban comiendo paradas junto a la barra porque las mesas son pocas y se ocupan en un abrir y cerrar de ojos. Si teníamos dudas sobre si valía la pena tanta espera (recordemos que nunca habíamos ido y sólo teníamos buenas recomendaciones) estas señoras las disiparon hablando maravillas de los platillos y del ambiente auténtico Catalán que reina el ambiente. Las expectativas iban en aumento.

La gente pujaba demasiado como para lograr una buena toma (?)

A las siete menos cinco, varios empleados llegaron a ocupar sus puestos de trabajo y se tuvieron que abrir paso entre la gente que ya había crecido en número y se agolpaba junto a la puerta. Entre ellos se hacían bromas gritando “Se está colando” lo que sumó diversión y ansiedad a la multitud. La persiana se abrió sólo para dejarlos pasar y dejarnos a nosotros reconocer a qué mesa apuntar.

A las siete en punto, abrió un bar que queda justo enfrente. Cualquiera creería que alguna persona hubiese aprovechado y decidido ir a este otro bar, pero nadie se inmutó.

Unos minutos más tarde finalmente la persiana subió y fuimos los segundos en entrar, los primeros que entraron se mandaron agachando la cabeza cuando la persiana estaba aún por la mitad (haciéndome acordar a cuando abría el Bingo y las viejas entraban haciendo cuerpo a tierra cuando la persiana se iba levantando) Nos sentamos en una buena mesa viendo cómo todos entraban cual estampida y a los cinco segundos el lugar ya estaba colmado de hambrientos comensales. Y allá a lo lejos y matándose de risa, entraron Ale y Leochu, avergonzados por haber presenciado el espectáculo de codazos limpios queriendo tomar ventaja, pero disfrutando de la mesa producto de la lucha al pie del cañon que batimos Fede y yo.

Enseguida vino el mozo. “Qué se van a servir?” pregutó. Inexpertos en lo que a tapas se refiere, pedimos el menú, y el señor amablemente nos recitó cada cosa que servían ese día porque lo que hay para comer varía según lo que haya en el mercado: todo es plato del día y sorpresa para el cliente habitué. Perdimos la cuenta de todo lo que nos nombró, así que para no hacer lío y no poner a prueba la paciencia del señor (Catalán de carácter) la hicimos fácil: “Traiga todo eso y cava para tomar”

Y ahí empezó un desfile de platillos y pinchos que no les puedo enumerar ya que perdimos la cuenta. Queso, jamón crudo, butifarra, anchoas, papas con alioli, pinchos de atún y ajíes asados, boquerones, pan con tomate… llegó un momento en que el mozo ya nos traía platillos sin necesidad de que los pidamos: era el paraíso del buen (y abundante) comer.



Tomamos nuestras dos botellas de espumante, y la mitad de botella que dejaron los de la mesa de al lado, porque es un pecado irte y abandonar la botella por la mitad!!! Y durante ese rato presenciamos festejos de cumpleaños, conquistas amorosas, luchas por las últimas piezas de las tapas más ricas, señores que nos pedían fotos y guiños con las señoras compañeras de espera en la puerta que también habían conseguido una buena mesa y nos levantaban los pulgares desde ahí.








Para terminar me quedo con una de las tantas frases célebres que Fede dijo mientras comíamos, al probar el pincho de atún y ají picante, recitó: “Eso que sentís en los labios no es picor: es amor!!!”

3 comentarios:

  1. Te defino este post en 3 palabras: Tremendo, Genial, Maravilloso!!!!
    Me parece que me subió un poco la presión debe ser tanto Jamón Crudo del bueno. jejeje.
    Emi

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  2. Emi!!!!! jejeje era lo más ese jamón crudo, con decirte que después de pedir la cuenta agregamos unos grisines con panceta que vimos que llevaban a la otra mesa y nos negamos a irnos sin probarlos!!!!

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  3. Todo este relato me dio mucho muchoooo hambre!!!
    ... y veo que seguimos sumando palabras como "emperifollada" al léxico retro de Celina jejeje

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