martes, 20 de diciembre de 2011

Paris lado B

Arrancamos el mes de diciembre arriba de un tren. El jueves 1, partimos en el Eurostar desde Londres a Paris, para pasar una noche ahí antes de continuar con el segundo tramo de nuestro vuelo a Buenos Aires. Mucha expectativa en cruzar el Canal de la Mancha por el famoso túnel, pero la verdad que uno ni se entera. El tren va por tramos subterráneos y otros por la superficie, y uno de esos túneles resulta que cruza bajo el mar y ya se está del otro lado del canal sin que uno note la diferencia.

Llegamos bajo un cielo cubierto que cada tanto  nos mojaba con alguna llovizna. Obviamente esto no nos impidió pasear, y como tenemos planes de volver a Paris en los próximos meses acompañados de nuestros visitantes, decidimos saltear los lugares que sabemos que vamos a ir con ellos y visitar los que no son "visita obligada"



Fuimos a la Iglesia Saint Sulpice, cruzamos los jardines de Luxemburgo donde unos señores jugaban al ajedrez (con el frío que hacía ahí sentados! deberían haber jugado un picadito para entrar en calor!) y visitamos el centro Pompidou.







Y el viernes aprovechamos que el tiempo mejoró y fuimos a conocer el Palacio de Versailles. Está ubicado en la localidad del mismo nombre, a 20 km. aproximadamente de Paris. Se llega perfectamente en subte y tren, después de un viaje de poco más de media hora. Desde la estación de tren, se llega caminando al palacio, que se impone en el paisaje por su lujo e inmensidad que casi roza lo ridículo.





 Se puede visitar toda un ala del palacio, viendo la capilla del Rey, varios salones, y los dormitorios del Rey y de la Reina entre otras cosas. Inútil que trate de relatar el lujo con el que están decoradas las salas, cada una dedicada a algún Dios de la mitología Romana. Imposible también transmitir la sensación de inmensidad que uno tiene al ver el jardín desde los ventanales del palacio, y ni hablar de cuando se lo recorre caminando. Lleva una hora sólo ir desde una punta a la otra del gran canal artificial que lo atraviesa en forma de cruz.





 El Salón de los espejos es el ambiente que más me impactó. Es un enorme salón que aparte de utilizarse para dar fiestas, servía de corredor ya que unía los dormitorios de los reyes con el resto de las salas del palacio. Es impresionante porque tiene enormes ventanales que dan al jardín, enfrentados a espejos que multiplican la vista y la luz exterior. Y para acentuar el efecto, numerosas lámparas colgantes de cristal penden desde el techo.




 Los dormitorios de los reyes una enormidad y empalagamiento de adornos. Muy impresionante la puerta que en la habitación de la reina está disimulada a un lado del joyero (enorme mueble guarda joyas, no un mísero alhajerito, se entiende) por donde María Antonieta se escapó la noche que el pueblo irrumpió en el palacio durante la Revolución Francesa.        




 Los jardines son una enormidad que desciende en una leve pendiente desde el palacio hasta donde la vista se pierde. Es gratuito entrar a recorrerlos, ya que es un espacio verde tan grande que hoy en día tiene varias puertas de acceso desde distintos puntos de la ciudad de Versailles, y los vecinos lo usan para salir a correr, andar en bici, relajarse en alguno de sus bancos, o simplemente pasar el rato. Cada palmo de jardín está diseñado y cada árbol cuidadosamente podado. Se ven filas interminables de altos árboles, hileras de estatuas, fuentes de agua, canteros geométricos, muros de libustrinas… Nosotros optamos por subir a un trencito turístico tipo turibus que te llevaba de una punta a la otra con varias paradas.







 Y ya de vuelta en la ciudad de Paris, para terminar con nuestra visita, no nos bastó con subir a la torre de noche como les mostré en este post, sino que fuimos a Trocadero para disfrutar una vez más el show de luces chispeantes. A las siete de la tarde teníamos que salir hacia el aeropuerto, y eran las seis y seguíamos aguantando el frío y atestiguando el atardecer para ver el momento único en que las luces se prenden y la torre Eiffel se vuelve dorada.








Sólo nos pudo sacar de nuestro estupor la ansiedad por volver a Buenos Aires y estar cerca de nuestros seres queridos. Y después de un caótico viaje en subte al aeropuerto, ya estábamos en el avión, volando a casa.

2 comentarios:

  1. Qué lindo!!! me encantó!!! me hiciste acordar a cuando estuve ahí hace 5 años. Qué lindas fotos celi!!!
    Te regalo este videíto que seguro te va a gustar:
    http://www.youtube.com/watch?v=0DdkS81ERtg&list=LLfjUkpOGrwnGP-umuL1J3tw&index=1&feature=plpp_video
    lo ví y me acordé de vos ;)
    Besoo

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  2. Gracias Ana!!! me encantó el videíto!!!!! dame tiempo que me largo a hacer un salto y hago la versión Bizarra de la peli...

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