viernes, 30 de septiembre de 2011

Estambul


No sé por dónde empezar a contarles todo lo que vivimos en este último viaje. Fueron tantos lugares, comidas, paseos, viajes y emociones que me va a llevar unos cuantos párrafos compartirlo.




Empiezo por el principio. Hace un tiempo sabíamos que íbamos a recibir la visita de mis suegros, y buscamos lugares para visitar con ellos. Después de ver por televisión “Clase turista” a Ali le dieron ganas de conocer Estambul, nos lo propuso, y nos pusimos manos a la obra para organizar el viaje. No fue fácil porque no hay vuelos directos de bajo costo desde Ginebra, así que finalmente reservamos un vuelo por Swiss con escala en Zurich (y recordamos lo que es una aerolínea de verdad, donde no hay que pagar por el café y te convidan chocolates riquísimos) Y para alojarnos optamos por ResidenceLa Vue Istanbul, un departamento a cuatro paradas de tranvía de la zona de Sultanahmet, con una vista magnífica al Bósforo.



Para ponernos un poco en contexto, les cuento super brevemente que Estambul fue fundada en el año 667 a.C. como Bizancio, y a lo largo de los siglos pasó a estar bajo el dominio de distintos estados, como los persas, espartanos, atenienses, macedonios. Fue capital del Imperio Bizantino con el nombre de Constantinopla, cae para pasar a ser parte del Imperio Otomano (período en el que pasa del Cristianismo al Islamismo), para finalmente ser parte de la República de Turquía establecida en 1923. Teniendo en cuenta estos datos, no es difícil imaginar que cada cultura ha dejado su impronta, aportando riqueza y variedad a la arquitectura, costumbres, comidas e idiosincrasia del lugar.

Y ahora les cuento todo lo que conocimos:

Sultanahmet: Es una de las zonas más antiguas de la ciudad, donde se encuentran los edificios más emblemáticos. Por suerte pudimos visitar a todos y cada uno de ellos:

Palacio Topkapi

Se construyó durante el gobierno del Imperio Otoman, siendo sede de la administración y residencia de los sultanes por 380 años. 

Se pueden visitar muchas de sus salas, no todas, entre las cuales se destaca la sala del Tesoro. Aquí se exponen objetos de valor y piezas del propio patrimonio de los diferentes sultantes, como joyas, tronos, monedas, y más. Impresionante la cantidad de oro que tiene esta gente, vimos una verdadera “cuna de oro” literalmente hecha de oro puro. 

También hay salas donde se exponen armas de guerra, reliquias sagradas y vestimenta. En ninguna de estas salas se pueden tomar fotos. 

Lo que más me gustó fueron los patios todos decorados y con vistas magníficas al Bósforo. 

También se puede visitar el Harem, que es donde vivía el Sultán, su madre y las concubinas. Se pueden ver los dormitorios, la sala de baño turco, la sala del sofá, y las habitaciones privadas del Sultán. 

Tanto el palacio como el Harem cuentan con una audioguía que no está incluída en el precio de la entrada. Sinceramente no nos gustó mucho la información que brindaba porque eran puros nombres y años, lo que lo hacía bastante aburrido y muy difícil de seguir. Es recomendable ir o bien muy temprano a la mañana, o en el horario del mediodía que es cuando hay menos gente, para evitar filas en la entrada de cada sala.


 





Ayasofya 

También llamada Hagia Sophia, es actualmente un museo, pero este edificio es el tercer templo construido en el mismo sitio, los dos primeros destruidos por incendios durante diferentes rebeliones. Se construyó en el año 537, durante el Imperio Bizantino, combinando un estilo de Basílica y cúpulas centrales sostenidas por columnas de mármol. 

Es impresionante ver una cúpula tan grande y alta sin ningún sostén “directo”, sino que se apoya en otras cúpulas que a la vez se sostienen por columnas laterales, haciendo que uno ingrese a un espacio tan amplio y alto que se pierde noción del tamaño que tiene. Las paredes están recubiertas de mosaicos de oro, plata, vidrio, terracota, y distintas gemas. 

Hay imágenes cristianas representadas con mosaicos miniatura (venecitas, bah!), que cuando el templo se convierte en mezquita (en 1453), fueron cubiertos y reemplazados por símbolos del Islam. 

En 1935 se declaró museo y hasta la actualidad tuvo varias restauraciones, tendientes a conservar el edificio y también a redescubrir las imágenes tapadas y los vestigios de los templos anteriores quemados.  

En lo personal fue lo que más me gustó. Es enorme, hay incontables lámparas colgantes, el techo es altísimo, y a las paredes hay que prestarles mucha atención para notar que son pequeños mosaicos y no pintura lo que las decora.









La Mezquita Azul: 

Su verdadero nombre es “Mezquita del Sultán Ahmed” pero se conoce como Mezquita Azul por su decoración interior con mosaicos en distintos tonos de azul. También se destaca en su historia el hecho de que se construyó con seis minaretes (torres) y en ese momento era el mismo número de minaretes que tenía la Mezquita de la Meca. Se acusó de presuntuoso al Sultán, quien para solucionar el inconveniente mandó a construir un séptimo minarete a la Mezquita de la Meca. 

Para ingresar se deben respetar las costumbres islámicas (que confieso que no conozco en profundidad) Debimos quitarnos el calzado, y no se puede entrar con las piernas ni los hombros descubiertos. En la entrada prestan pañuelos para que la gente que va de veranito se cubra usándolo tipo pareo en las piernas (mujeres y hombres) o tipo chal, aunque contrario a lo que yo creía no es obligatorio que las mujeres se cubran la cabeza, sí los hombros y el escote. 

Demás está decir que el interior es impresionante, y que a pesar de ver mil fotos es imposible apreciar toda la magnitud del lugar. Si bien el área destinada a practicar los rezos está cerrada a los turistas, se puede observar desde el fondo casi la totalidad de la Mezquita. Mientras estuvimos ahí vimos a dos novias, que luego de casarse acompañan a sus maridos a rezar a la Mezquita Azul, y mientras los esperan (las mujeres no pueden ingresar a rezar, sólo lo hacen los hombres) se convierten en blanco de todas las fotos.










Cisterna Basílica

Este lugar es de los más extraños en los que estuve en mi vida! Es una cisterna subterránea, construida donde antiguamente había una Iglesia, de ahí el nombre. Se construyó alrededor del año 527 con una capacidad de almacenar aproximadamente 100.000 toneladas de agua, necesaria para proveer a los palacios Bizantinos. 

Su verdadero nombre es Yerebatan Sarnici, que significa “palacio sumergido” y es justamente por la forma que tiene. El techo es abovedado, y está sostenido por 336 columnas de distintos tipos de mármol de aproximadamente 9 metros de alto cada una. Se destacan las bases de dos columas, que son nada más ni nada menos que de mármol tallado con la cabeza de Medusa, y si bien se sabe que corresponden a esculturas Romanas, no se sabe exactamente el motivo por el cual se utilizaron como base puestas una de forma lateral y otra invertida. Lógicamente surgieron varias leyendas alrededor de las cabezas. Se dice por ejemplo que fueron colocadas de esa forma para evitar que la gente que las mirara quedara petrificada, de acuerdo a lo que cuenta la mitología griega. 

Durante el período del Imperio Otomano, se creó un nuevo sistema de agua corriente y la cisterna quedó en el olvido. Fue redescubierta alrededor del año 1550 y a partir de ahí se hicieron varias restauraciones para mantener el lugar, de las cuales la más importante fue la del año 1987 en la cual se limpiaron las ¡50.000 toneladas! de barro depositado en el fondo y se construyeron pasarelas para poder recorrerla casi al nivel actual del agua.






Bueno, hasta acá llego por hoy, me falta contarles de los mercados, las comidas, y el cruce en barco al lado asiático… lo dejo para el próximo post!

Buen fin de semana para todos.

Para los que me preguntan sobre si me lleva mucho trabajo armar todo esto, les cuento que estuve seleccionando, compaginando y editando nada más ni nada menos que 1380 fotos de cinco cámaras distintas, una de cada uno de los que fuimos más las de mi celular (eso porque Leo no me pasó las que sacó con su celu, sino serían seis) y todavía me queda editar un par de videos… Así que más que nada, lo que me cuesta es tiempo!!!

3 comentarios:

  1. Oh la la! Estambul... qué ciudad que nunca hubiera imaginado que me iba a sorprender como lo hizo. Es mágica en todo sentido pero también desde algo tan simple como tener en su silueta las mezquitas que son tan raras para nuestra cultura occidental.

    Hay que volver!!!

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  2. Que lugar increible, veo que es el lugar que mas les gusto hasta ahora... ya te veo en Marruecos o en Egipto. LeoChu alias "el turco".

    Ariel.

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  3. Es difícil elegir un sólo destino como el que más nos gustó, pero sin duda Estambul entra en el top 5 ;)

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